Entro en el trabajo como si no lo hubiese hecho nunca. No me resulta familiar. Tanto tiempo pasado entre estas paredes y me son ajenas completamente. Ni una cara amiga, ni un rincón donde cobijarme. Nada que indique es mi segunda casa, el lugar donde paso gran parte de mi tiempo. Me siento extraña mientras me saludan sonrientes gentes que veo todos los días y ahora noto como desconocidos.
Solo cuando me siento en mi puesto, y el ordenador me pide contraseñas y claves que voy introduciendo mecánicamente es cuando me doy cuenta que este si es mi sitio. No el que me gustaría, no donde quiero estar pero si que pertenezco a él.
Hoy me siento extraña. Distinta. Y quizá me estoy acostumbrando a una rutina, a una vida que no es la que quería. Hoy no me queda otra que aguantar pero... no se si por mucho tiempo.