miércoles, 28 de enero de 2015

XIII

  Aún no tenía claro si necesitaba un polvo o dos hostias. El caso es que la última vez que pedí dos hostias una amiga se hizo cargo y me dejó sin ganas de probar durante una temporada. Me planteé volver a llamarla, en serio que necesitaba algo fuerte, y siempre había estado ahí. Me arrepentí nada más marcar el último número. Desde el teléfono podía escuchar gritos de niños, odio a sus hijos, sin embargo su voz siempre me tranquiliza. Le expuse el tema. Después de escucharla quejarse durante cinco minutos me dijo que estaría en casa toda la noche. Que se encargase su marido de los niños. Solo con esa contestación pensé que ya no me hacía falta las dos galletas, si acaso una sola.
M. llegó casi a las once de la noche. Traía una bolsa de deporte. La dejó en la mesa de casa y me miró. Desde el sofá parecía aún mas alta.
- Así que un polvo o dos hostias. - Dijo mientras se crujía los dedos unos contra otros.
- Tampoco te lo tomes tan literal. Yo solo quería una amiga con quien hablar y aún me duelen las dos de la última vez.
M.abrió la bolsa de deporte. Sacó un pijama de franela, igualito que el mío, zapatillas de paño, una bolsita de aseo, una muda de ropa, un antifaz de dormir y ... un vibrador morado tamaño extragrande.
- ¡Coño M.!¿Y esto?
- Esto es tu polvo. Hoy no estoy violenta. Y a mi también me hace falta. Así que... ¡Ve quitándote esa mierda de pijama!