jueves, 28 de enero de 2021

XX

A estas alturas de pandemia ya debería una de estar escarmentada. El sexo teléfonico, el virtual, incluso los mail subidos de tono se han llevado mas mal que bien pero hay un límite. Y estoy a punto de traspasarlo. 
En lo que llevo de año, navidades incluidas, no he podido echar un polvo. Por que si hablo de "hacer el amor", como dice mi hija que ha sacado el romanticismo del padre, entonces tengo que quitar todo el calendario anterior e irme a la etapa Pre-Covid. Pero la de Wuhan. Y es que tengo que reconocer que ese cabrón me dejó el corazón temblando jodida en un momento que se presentaría mas que chungo. Si las navidades volvieron a ser divertidas con la vuelta a hoteles nocturnos aquel diciembre del 2019. El claustro al que nos sometieron me dejó pendiente de poder disfrutar de algún que otro escarceo ocasional y, seguramente, uno que hubiese durado algo mas que la primavera. Pero la primavera y el verano del 2020 se han eternizado y el cuerpo pide presencia física. 
El cuerpo, de momento, también me pide que me desahogue de alguna manera. Suponqo que por eso he llegado hoy a mi entrada número XX. 

domingo, 20 de enero de 2019

XIX

Para los hombres, el fútbol, no deja de ser un sucedáneo del sexo. (Dicen que para la mayoría es el chocolate). Para mi es un afrodisíaco. Tíos que miran con deseo, con pasión, con lujuria incluso a otros tíos en pantalón corto. Encima sin hacerme ni puto caso. Y yo eso no puedo aguantarlo, me pone. ¿Que le voy a hacer? Así que he descubierto que tomar una copa el domingo, cuando todo está tranquilo y solo cuatro gatos apuramos el fin de semana, la mayoría viendo fútbol, a mi me pone. Pasearme frente a la televisión, hacer que las miradas vayan a mi cuerpo en vez de a los futbolistas, hacer que el domingo sea mucho mas que el último día de la semana. Si. 

martes, 18 de julio de 2017

XVIII

Me llama y no soy capaz de decirle que no. Las cinco de la tarde y descubro, mas bien recuerdo, que esta ciudad no duerme ni si quiera en la hora de la siesta. Que existe gente que enlaza cervezas y ron con cocacolas y peinan canas, o mostachos hirsutos mientras en un bar cutre de barrio le soban la mano a la camarera cuando lo que quieren es babearle el cuerpo. Que los baños, aunque con costras tienen espejos impolutos, limpiados con aspiradoras nasales.
Me llama y no soy capaz de decirle que no. Y sigue teniendo una de las sonrisas más irónicas de esta ciudad, y conoce las droguerías de los callejones y solo me permito darle varias caladas a un canuto. Por que aunque siga sin saber decirle que no, ya no puedo seguir, ni quiero seguir, su ritmo, y en casa me espera para dormir una hija, que podía haber sido suya y a la que doy gracias cada día por que no sea así.
Me llama y no soy capaz de decirle que no. Pero se hace tarde y una chica, como yo hace veinte años, le ha puesto ojitos, le ha enseñado el escote y medio gramo más. Así que no tengo que decirle que no. Solo tengo que saludarle desde la puerta, lanzarle un beso con la mano y huir.

jueves, 13 de octubre de 2016

XVII

He encontrado una arruga. Esta me ha dolido mas que todas las mías juntas. Es de mi hija. Quiero pensar que de risa. De esas arrugas que te produce el reír tanto. Quiero pensar en aquellas arrugas de felicidad que intentaba encontrarme en la cara cuando tenía su edad. Y eso es lo que le he dicho. Se ha ido tan contenta con esa mentira como me fui yo cuando me la contó mi madre. Ni siquiera le ha dado tiempo a ver mi cara, la que yo tampoco vi en mi madre. 
Quizá... ¡Que coño quizá, estoy segura! Cada día empiezo a notar los años. A veces he estado con tíos mas jóvenes. Tíos que me han enviado casi a la adolescencia pero también a otra maternidad que no quería. Me gustan los hombres de mi edad. Que sepan sacar lo mejor de mi, aunque a veces también se han llevado lo peor. Aún no he asentado tanto la cabeza como para andar con alguien mucho mas mayor. No quiero padres, aunque nunca he hecho ascos a regalos, y mimos. Ahora mismo solo quiero paz. Paz, tranquilidad y quitarme varios años que me han caído con esa arruga. Esa que ni siquiera es mía. 

domingo, 26 de junio de 2016

XVI

Hay polvos de despedida que deberían durar toda la vida. No porque no tengamos intención de decir adiós a la persona con la que lo echemos, si no porque es una de las sensaciones mas placenteras. Algo así como un dulce amargo. Una sensación compleja que te alimenta tanto como las lembas de los elfos. 
Hay polvos de despedida que son tan deseados como temidos. Y hoy, esta madrugada, he tenido uno de esos polvos. Aún conservo los sentimientos en la piel, Y va siendo hora de entrar en la ducha, de recuperar otras sensaciones, de encontrar sentimientos de antaño, de olvidar estos tan recientes. 
Hay polvos de despedida que no se van con una simple ducha. Da igual que uses gel, champú y acondicionador. A veces... muchas veces... casi siempre... ¡Tardan tanto en irse! 

domingo, 10 de abril de 2016

XV

Da gusto desperezarse en la cama. Despertar con el olor de sexo de alguien que te gusta. Sentir con los dedos de los pies unas bragas que se esconden de la luz entre las sábanas. El sudor de otro piel. El aire en la cara y un amanecer con poca luz. Levantarse desnuda hacia la ducha. El agua en el pelo, en el pecho, humedeciendo mi coño y resbalando por mis piernas. 
Da gusto desayunar sin prisas. Entre besos y zumo de naranja. Con las ganas intactas aún. 
Da gusto un domingo con todos los sueños recien cumplidos.

domingo, 24 de enero de 2016

XIV

¡Un año! Un año sin pasar por el blog. ¡Mucho tiempo! Muchas cosas. Mucha gente y pocas ganas. La felicidad no es buena amiga de la inspiración, de los "prontos", mas bien. Y este blog siempre ha sido un poco el cajón desastre, el cuaderno, donde se han ido acumulando frustraciones.
Quizá tiene que ver con la entrada. Pasar de la número XIII ha sido todo un reto. Quizá la XV esté mas cerca, quizá no. Quizá...