Hay polvos de despedida que deberían durar toda la vida. No porque no tengamos intención de decir adiós a la persona con la que lo echemos, si no porque es una de las sensaciones mas placenteras. Algo así como un dulce amargo. Una sensación compleja que te alimenta tanto como las lembas de los elfos.
Hay polvos de despedida que son tan deseados como temidos. Y hoy, esta madrugada, he tenido uno de esos polvos. Aún conservo los sentimientos en la piel, Y va siendo hora de entrar en la ducha, de recuperar otras sensaciones, de encontrar sentimientos de antaño, de olvidar estos tan recientes.
Hay polvos de despedida que no se van con una simple ducha. Da igual que uses gel, champú y acondicionador. A veces... muchas veces... casi siempre... ¡Tardan tanto en irse!
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