Da gusto desperezarse en la cama. Despertar con el olor de sexo de alguien que te gusta. Sentir con los dedos de los pies unas bragas que se esconden de la luz entre las sábanas. El sudor de otro piel. El aire en la cara y un amanecer con poca luz. Levantarse desnuda hacia la ducha. El agua en el pelo, en el pecho, humedeciendo mi coño y resbalando por mis piernas.
Da gusto desayunar sin prisas. Entre besos y zumo de naranja. Con las ganas intactas aún.
Da gusto un domingo con todos los sueños recien cumplidos.
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